El dueño de la Luz
NARRADOR:
Tercera Persona
PERSONAJES
El
Padre
La
Hija Mayor
La
Hija Menor
El
Dueño de la Luz
Los Warao
El Venado
HISTORIA
1) PLANTEAMIENTO
En un principio, la gente vivía en la
oscuridad. Los warao buscaban yuruma en tinieblas y sólo se alumbraban con
candela que sacaban de la madera. En ese entonces, no existía el día ni la
noche.
Un hombre que tenía dos hijas supo un día que
había un joven dueño de la luz. Llamó entonces a su hija mayor y le dijo:
- Ve donde está el joven dueño de la luz y me
la traes.
2)
NUDO
Ella tomó su mapire (canasto) y partió. Pero
encontró muchos caminos por donde iba, y tomó el que la llevó a la casa del
venado. Allí conoció al venado y se entretuvo jugando con él. Luego regresó
donde su padre, pero no traía la luz. Entonces el padre resolvió enviar a la
hija menor.
- Ve donde está el joven dueño de la luz y me
la traes.
La muchacha tomó el buen camino y después de
mucho andar, llegó a la casa del dueño de la luz.
- Vengo a conocerte - le dijo - a estar
contigo y a obtener la luz para mi padre.
Y el dueño de la luz le contestó:
- Te esperaba. Ahora que llegaste, vivirás
conmigo.
El joven tomó una caja, el torotoro, que
tenía a su lado, y con mucho cuidado, la abrió. La luz iluminó sus brazos y sus
dientes blancos. Y también el pelo y los ojos negros de la muchacha.
Así, ella descubrió la luz, y el joven,
después de mostrársela, la guardó.
Todos los días, el dueño de la luz la sacaba
de su caja y hacía la claridad para divertirse con la muchacha.
Así pasó el tiempo. Jugaban con la luz y se
divertían. Por fin, la muchacha recordó que tenía que volver con su padre y
llevarle la luz que había venido a buscar.
El dueño de la luz, que ya era su amigo, se
la regaló:
- Toma la luz. Así podrás verlo todo.
La muchacha regresó donde su padre y le
entregó la luz encerrada en el torotoro. El padre tomó la caja, la abrió y la
guindó en uno de los troncos que sostenían el palafito. Los rayos de luz
iluminaron el agua del río, las hojas de los mangles y los frutos del merey.
Al saberse en los distintos pueblos del Delta
del Orinoco que existía una familia que tenía la luz, comenzaron a venir los
warao a conocerla. Llegaron en sus canoas desde el caño Araguabisi, del caño
Mánamo y del caño Amacuro. Canoas y más canoas llenas de gente y más gente.
Llegó un momento en que el palafito no podía
ya soportar el peso de tanta gente maravillada con la luz. Y nadie se marchaba
porque no querían seguir viviendo a oscuras, porque con la claridad la vida era
más agradable.
3)
DESENLACE
Por fin, el padre de las muchachas no pudo
soportar más a tanta gente dentro y fuera de su casa.
- Voy a acabar con esto -dijo- Si todos
quieren la luz, allá va.
Y de un fuerte manotazo, rompió la caja y
lanzó la luz al cielo. El cuerpo de la luz voló hacia el Este y la caja hacia
el Oeste. Del cuerpo de la luz se hizo el sol. Y de la caja en que la guardaba,
del torotoro, surgió la luna.
De un lado quedó el sol y del otro, la luna.
Pero como todavía llevaban la fuerza del
brazo que los había lanzado, el sol y la luna marchaban muy rápido. El día y la
noche eran muy cortos, y amanecía y oscurecía a cada rato.
Entonces el padre le dijo a su hija menor:
-Tráeme una tortuga morrocoy pequeña.
Y cuando tuvo en sus manos el morrocoy,
esperó a que el sol estuviera sobre su cabeza y se lo lanzó, diciéndole:
- Toma este morrocoy. Es tuyo, te lo regalo.
Espéralo.
Desde ese momento, el sol se puso a esperar
al morrocoycito. Y al otro día, cuando amaneció, el sol iba poco a poco, como
el morrocoy, como anda hoy en día, alumbrando hasta que llega la noche.

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